sábado, 1 de marzo de 2014
viernes, 14 de febrero de 2014
Dry Martini, el único mar que tiene Madrid
"Un Dry Martini... El único mar que tiene madrid", dijo mirando su copa.
Lo decía repasándola con ojos de alguien a quien se le han desteñido los tatuajes y no lleva sobre la mirada las cejas furiosas de antaño.
Lo dijo con la lengua estropeada de los que han bebido demasiado.
Yo sólo quise pedirle una cosa. Que se quitara la soga del cuello.
No sé si me escuchó. Estoy segura de que no.
Yo sólo quería decirle cosas de esas que se descuelgan como se descuelgan las barbaridades del cuello de un Martini.
De buena gana me habría quedado en una mesa al final del salón esperando a que alguien viniera a recogerlo -que lo hice-.
Y si no hubiese llegado nadie, le habría acompañado igual.
Pero a él. ¿Quién no le espera a él?
Mi silencio era la cáscara flotante en aquella copa.
El tributo a las cejas ya sin furia.
Pero la transparencia no siempre es efectiva. Y yo, como ves, soy transparente.
"Un Dry Martini... El único mar que tiene madrid", dijo... mirando su copa.
sábado, 23 de noviembre de 2013
domingo, 10 de noviembre de 2013
fin de semana
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Y a mí me gustaría pensar
que no nos hemos averiado.
Que esto, como las líneas de teléfono o las sopas frías,
se arregla dando un paseo,
esperando.
esperando.
Y a mí me gustaría pensar
que no nos hemos averiado.
Que esto, como las líneas de teléfono o las sopas frías,
se arregla dando un paseo,
esperando.
esperando.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Un trozo de 'Coces en el aire'
Carmita se asoma al
espejo. Nota, de pronto, que de su bata blanca brota una mancha roja muy
pequeña. Se da la vuelta y observa el Sagrado Corazón colgado a un lado de la
cama, que la mira con su calma de
escayola. Afuera, el cielo clarea con esa carraspera de pájaros que trae
consigo la madrugada. Cierra los ojos y hunde los pies en el suelo de arcilla
bajo sus párpados. Se convierte, de a poco, en un fantasma recobrado, una más
en esa fila de mujeres que hacen círculo cuando alguien muere en la casona de
la calle Santos Michelena, ese reino de corazones abiertos, a punto de estallar
al caer sobre tierra como guayabas ardientes
sábado, 21 de septiembre de 2013
Almohadas
Un hombre de su estatura jamás podría sentir temor. Un hombre de su
estatura estaba hecho para tener un corazón limpio de pan blanco y caliente.
Estaba hecho para querer y ser querido. Para resolver problemas y dejarse lamer
por la ternura de sus propios e inesperados arrebatos. Un hombre de su estatura
no estaba acostumbrado a las emboscadas de las navajas ni la las pesadillas en
las almohadas de viscolástica con efecto memoria y que le buscaban el costado
como los puños al sparring, castigándole contra las cuerdas de su horrenda
cama y blanca matrimonial.
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