jueves, 6 de diciembre de 2012

XXVII




¿Qué diré cuando la gente se detenga
para tocar mi rostro?
Miyó Vestrini, 1959

Encontré un cuerpo
uno que me ocupa, poco a poco,
cuando apareces.

No necesito agredirlo
existe por sí solo,
lejos de la intemperie,
a salvo del mordisco.

Todo en él lleva la forma de un vértigo,
la silueta de otra saliva que lo protege
un alfabeto del vuelo
un lugar horizontal que atraviesa los días.

Mi cuerpo ocupa el tiempo de una sábana
el paso rampante de un cenicero
ese lugar de tus ojos que le lleva la contraria al frío
y enciende otros nombres para la piel que ahora me cubre.
                                        
Mi cuerpo tiene el tamaño de tu insomnio 
mi cintura viste la talla que le dan sus manos.

Mi cuerpo existe en un corazón furioso,
que late contra el miedo.

Soy la atleta, la gimnasta
       la mujer que apaga el suelo  y enciende nuevos fuegos a su paso
       la que te mira de este lado del tiempo
       la que escribe
       la que resiste.

Soy el aeropuerto que tiembla bajos los pies del viajero
 el lugar portátil de tu almohada,
el paso insistente de tu lengua.

Soy este cuerpo.
Soy, sí,
la mujer que despertaba a tu lado.   

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